Desde Belgrado cojo un tren que sale a las 9 de la noche y llega a Sofía a las 8 de la mañana. Cuando veo que llega el tren se me cae el alma al suelo, pero cuando entro en mi compartimento me entran ganas de bajarme. El tren debe tener unos 40 años por lo menos.
Por suerte en el compartimento, que es para 6 personas, sólo vamos 3: una parejita de finladeses y yo. En el compartiento de al lado van unos australianos, hablo con uno de ellos durante una hora aproximadamente, nos contamos nuestras batallas, me dice que he hecho bien en no ir a Sarajevo porque no vale mucho y me comenta que en un año de viaje por todo el mundo, en el único sitio que ha tenido algún problema ha sido en Madrid, donde le robaron la cartera.
Mi compartimento con mi maleta y una bolsa con mi cena.

Luego en el compartimento hablo con los finlandeses, son una parejita de novios muy graciosos, nos contamos de dónde venimos y a dónde vamos. Ellos se quieren dormir rápito, así que cerramos la puerta y nos acostamos. El tren va muy lento, lentísimo, se mueve mucho y en un principio hace muco calor pero luego hace fresquito. Consigo dormirme... pero de repente, BUMP; BUMP, golpean la puerta ¡Document! ¡Passport! Abrimos y entran unos policias serbios para pedir los pasaportes, con unas metralletas y tal. La verdad es que asustan un poco, pero estaba tan cansado que lo que quería es que se fuesen de una vez. Me ponen el sello, cerramos y a los 5 minutos .... otra vez!!! Esta vez la frontera búlgara.
A las 7 de la mañana llegamos a Bulgaria, pero resulta que allí es una hora más. Así que son las 8. Salgo de la estación y me dirijo a mi hotel, el cual había reservado desde Belgrado. Es un hotel de 5 estrellas, aunque aquí tendría 3. Me dicen que es muy pronto y que todavía no está mi habitación preparado. Dejo allí las maletas y me dedico a hacer una primera visita a la ciudad. Hace mucho calor, muchísimo, son las 9 de la mañana y estaría a unos 35º. Sofía es una ciudad pequeña, con los edificios bajos y con monumentos chulos. A las 12 me voy al hotel, me ducho, como algo y continuo con la visita. Destacan la Catedral, la Catedral Ortodoxa más grande de los países bálticos, el treatro, el parlamento, edificios ministeriales, una preciosa iglesia rusa, una mezquita, la Sinagoga, el mercado y el ambiente de sus calles con sus terrazas.
El muy difícil entender nada, ni saber dónde está uno. Todo está escrito con el alfabeto cirílico, muy poca gente habla inglés, casi nadie, y todos los letreros y nombres de las calles están en cirílico, así que es muy difícil comprender nada.
Aquí os dejo algunas fotitos: la catedral, el teatro y la iglesia rusa.

